En un rincón del tiempo vivía Tara,
buscando afuera lo que dentro faltaba.
Miraba los ojos de otros, las voces,
esperando en ellas respuestas veloces.
A veces ella lloraba y lloraba, ya que no se encontraba. Buscaba y buscaba pero aun así no encontraba respuesta hallada.
Se peinaba el alma frente a espejos ajenos, temiendo ser poco, ansiando ser pleno.
Y cuanto más daba, más vacía quedaba, porque el cauce sin fuente jamás se llenaba.
Un día, en la calma de un bosque callado, oyó su propio latido pausado.
No era el canto de afuera, ni el juicio severo, era su voz, pequeña, sincera y de acero.
Le dijo:
"Buscaste en la lluvia, en el viento, en la brisa, pero la flor crece desde su raíz precisa.
No hay amor más completo, ni abrazo más cierto, que el que tú misma te des, profundo y abierto."
Comprendió entonces Tara el secreto escondido: que el amor propio es manantial encendido.
No es ego, ni orgullo, ni vana presunción, es cimiento,
es refugio, es pura redención.
Desde aquel día, con paso sereno,
se miró en el espejo sin peso ni freno.
Y al quererse primero, sin duda ni velo,
abrió todas puertas, tocó todo cielo.
Porque en el arte sagrado de amarse sincero, se encuentra la llave de todo lo entero.
KKR
😍😍❤️
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